- Antes de las cifras, el inversor necesita saber de quién es el proyecto y qué está habilitado.
- Cada número importante debería poder rastrearse a una fuente.
- Mostrar los riesgos genera más confianza que esconderlos.
Quien analiza proyectos recibe decenas de presentaciones. La mayoría se descarta en minutos, no por mala idea sino por información desordenada. Antes de pensar en cifras, conviene resolver cinco cosas.
1. Quién es el titular y qué está habilitado
Titularidad de la tierra, la concesión o el activo; permisos vigentes; y quién firma. Si esto no está claro, nada de lo que sigue importa.
2. Qué se quiere hacer, con números que se puedan rastrear
Inversión necesaria, plazos y supuestos. Cada número importante debería poder rastrearse a una fuente: un presupuesto, un contrato, una medición.
Un supuesto declarado como supuesto genera más confianza que una cifra sin origen.
3. Qué pasa si sale peor
Un escenario conservador y los riesgos principales, escritos por quien conoce el proyecto. Ocultarlos no los elimina: el inversor los va a encontrar.
4. Quién ejecuta
Equipo, experiencia comprobable y cómo se toman las decisiones. En proyectos del interior, esto suele pesar tanto como el activo.
5. Qué se ofrece a cambio
Estructura de la operación, participación o retorno esperado, y cómo se informará el avance. Pensar el seguimiento desde el principio es una señal de seriedad.
Antes de mandar tu proyecto: ¿podés responder esto?
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Marcá lo que ya tenés resuelto. Lo que quede sin marcar es lo primero para ordenar.